Había pasado la tarde jugando con pintura, lejos de su mirada perfeccionista y para colmo de males con mi vestido nuevo. Imagínense una nenita de no más de tres años, muy pequeña y llena de rulos, con vestido blanco, tempera de pies a cabeza y sonriendo muy feliz: así estaba yo.
Mi madre gritaba como loca y ya me arrastraba camino a la ducha. Pero mi tío, no tuvo mejor idea que frenarla para sacarme esta foto, argumentando simpáticamente que “es la primera vez que la veo sucia”.
Mi madre gritaba como loca y ya me arrastraba camino a la ducha. Pero mi tío, no tuvo mejor idea que frenarla para sacarme esta foto, argumentando simpáticamente que “es la primera vez que la veo sucia”.
Lucia López Novac