En la foto estoy sentada en un carrito en el patio de mi antigua casa, tengo alrededor de dos años y estoy completamente cubierta de ronchas por la varicela. Según el doctor la gran reacción que la enfermedad había generado se debía a mi corta edad y delicada piel de alérgica. A pesar de la molestia que esta última podía estar causándome, se me ve sonriendo con la boca abierta mostrando los dientes que todavía no terminaban da salir. Estoy usando un pijama de invierno y mi mamá me había peinado con una colita que nacía donde comenzaba mi escaso y fino pelo de bebé. El gran miedo de mamá era que queden marcas en mi piel por rascarme, cosa que yo no entendía que no debía hacer, quizá alentada por la picazón insoportable que las ronchas me daban. Algunas marcas quedaron, sobre todo en mi espalda y, aunque no recuerdo mucho ese momento en particular creo que la foto me muestra que sé sonreír a pesar de que no siempre se está cómodo con las cosas que nos tocan vivir, solo que a veces no me acuerdo cómo.
Maria Lujan Armillo