sábado, 5 de abril de 2008

Cuando era chica, con mi hermana jugábamos a pedido mío a sobrevivir lejos de casa, yo armaba la valija y nos íbamos, pero nuestro viaje en realidad era irnos a la casa de mi amiga, a ocho cuadras de la nuestra.
Mi fotografía es la consecuencia de ese deseo, más o menos diez años después, en ella se puede notar que fue tomada un típico día de invierno lluvioso. Aparezco con una campera muy abrigada y un pasaje en la mano izquierda, en mi cara se refleja una sonrisa que además de alegría mostraba ciertos nervios, alrededor mío hay bastante gente que seguramente jamás se dieron cuenta que mi hermano estaba tomando una foto, ya que cada uno estaba en su propio mundo. A partir de ese momento pude descubrir que disfruto mucho tener nuevas experiencias, conocer gente y diferentes lugares. Pero sobre todo sentir la libertad de poder escapar a un destino inesperado al que la vida me lleva, no importa si es lejos o si salgo a pasear por la calle de mi barrio, simplemente nuevo, ya que de cada viaje regreso con nuevas experiencias, siempre vuelvo con algo, un objeto una mirada, un momento.

Romina Ybañez