Estoy sentada con Sofía en el patio de entrada de su casa, teníamos no más de cuatro años y ya nos conocíamos más que nadie. Es una típica foto de dos primas que las quitan por un minuto de su imaginación y las sientan juntas para fotografiarse. Estamos abrazadas con nuestros brazos pequeños que apenas son. Sofía tiene una remera rayada blanca y rosa, yo llevo puesta mi remera de Mickey que me encantaba; nunca supe que fue de esa remera. Estamos sucias y cómicamente despeinadas en un contraste inevitable; mis rulos castaños, casi rubios y cada vez más rulos; su pelo negro y eternamente lacio. Sonreímos ingenuas y pícaras, pero creo que no tanto por la foto, sino por el mundo que andábamos creando.
Julia Marzik
Julia Marzik