viernes, 22 de agosto de 2008

Esa Casa

Hoy con diecinueve años me pregunto ¿porqué habré frecuentado tan poco de chica la casa de mis abuelos paternos?, y claro me pongo en la piel de la pequeña Flor y lo comprendo.
A quince quilómetros de Bahía Blanca, en el límite final de la localidad de General Daniel Cerri, muy cerca del fortín, se encuentra la casa de “Don Juan”. La misma tiene la particularidad de estar dentro de cuatro paredones que enmarcan una hectárea de una muy triste y grisácea tierra.
Vadeando la inmensidad del terreno, tras la oscura puerta de madera se encuentra el lugar más sombrío y frío que por aquellos tiempos atravesé.
Al ingresar un comedor enorme provisto de mesa y sillas de una madera oscura, al tono con la piedra que reviste las paredes de la sala y la escasa iluminación. A la derecha la cocina. A la izquierda un corredor largísimo da a las habitaciones, allí una tenebrosa cabeza de ciervo embalsamada nos abre paso.
Puertas pesadísimas, oscuras y altas anteceden cada cuarto. En el interior poseen arañas, techos a tres metros sobre el nivel del suelo y grandísimas ventanas totalmente cerradas de vidrio y persiana. Ni un pequeño rayo de luz logra colarse ante semejante hermetismo y el grueso cortinado.
Durante el día disfrutaba de la gran casa, las tardes pasaban ligeras y entretenidas. Imaginaba que como en los cuentos de aventuras lograría revelar misterios, hallaría habitaciones secretas, pasadizos, objetos preciosos. El problema llegaba por la noche. No me resultaba agradable pensar en el momento de ir a la cama. Nada sencilla me resultaba la tarea de conciliar el sueño en habitaciones de tales características. Desde la gran cama de dos plazas, incómoda y anticuada, con colchón y almohada de lana solo podía ver el enorme placard y las valijas de cuero. Todo parecía plantear enigmas, secretos in entrañables.
Pasan los años y la casa sigue igual de triste y desolada. Se le suman pérdidas espirituales, algún que otro rincón descascarado o falto de empapelado, pero la casa no pasa grandes transformaciones. Quien si cambio fui yo y mi modo de mirarla.