Salir a cenar todos los viernes al Centro me producía una sensación ambigua. Por un lado de felicidad, por el simple hecho de compartir una salida en familia y disfrutar de comidas que habitualmente no tenía el placer de probar en casa. Pero por otro lado también sentía temor. ¿Por qué? Porque sabía que me esperaba, que lo hacía siempre en el mismo lugar, inmutable y, lamentablemente, puntual y paciente. Porque estaba seguro que me iba a hacer algo. Si había logrado escapar de sus garras tanto tiempo no era por mi habilidad de esconderme sino porque él seguramente no habría considerado atacarme, estaría esperando el momento oportuno. No me explicaba cómo después de tanto tiempo nadie se había dado cuenta de su presencia, nadie le había hecho frente para espantarlo o, mejor aún, matarlo y que no volviera a aparecer. Ni tampoco qué lo había llevado a estar allí. Sin embargo, de lo que no tenía ninguna duda era que desde el momento en que me vio decidió quedarse y esperar. Esperar a que estuviese distraído, algo ingenuo de su parte si pensaba que no me iba a acordar cada vez que pasáramos por 9 de Julio y Córdoba, que se cortara la luz en la zona o quién sabe qué otro motivo para recién en ese momento poderme hacer daño. Yo lo único que podía hacer, era estar atento, no mostrarme por la ventana del auto cuando pasábamos y mantenerme así hasta que viera las enormes y protectoras luces de las publicidades que rodeaban el Obelisco. Bastante poco, sabiendo que era el Diablo con quien me enfrentaba.
Ahora sé que el Diablo no es de verdad, en realidad es una estatua que no me va a hacer nada. De todas maneras, ¿por qué hacer una estatua del Diablo?, ¿no se hace en general este tipo de reconocimiento a gente que hizo algo bueno? Incluso si decidiéramos reconocer el mal, ¿tendríamos que llegar a tal extremo?, ¿a quién se le ocurriría representar al mismísimo Demonio habiendo tanta gente que hace mucho mal? Yo, por las dudas, todavía tomo precaución.
Ahora sé que el Diablo no es de verdad, en realidad es una estatua que no me va a hacer nada. De todas maneras, ¿por qué hacer una estatua del Diablo?, ¿no se hace en general este tipo de reconocimiento a gente que hizo algo bueno? Incluso si decidiéramos reconocer el mal, ¿tendríamos que llegar a tal extremo?, ¿a quién se le ocurriría representar al mismísimo Demonio habiendo tanta gente que hace mucho mal? Yo, por las dudas, todavía tomo precaución.